Miscelánea de sentidos para vivir el paseo del Prado

Saborear, escuchar, respirar, observar y sentir el paseo del Prado. Todos los sentidos y más, para conocer y disfrutar esta emblemática vía madrileña de una manera diferente. Así ha disfrutado esta semana un grupo de ciudadanos de ‘El paseo de los sentidos’, una actividad gratuita, diseñada por el departamento de Educación Ambiental del Área de Medio Ambiente y Movilidad del Ayuntamiento de Madrid, que permitió a las personas asistentes explorar y profundizar en los valores ambientales, urbanísticos y arquitectónicos del paseo del Prado y de su entorno a través del conocimiento que aportan los cinco sentidos: la vista, el olfato, el gusto, el oído y el tacto.

Un recorrido de dos horas de duración, a lo largo del cual pudieron conocer anécdotas, curiosidades, historias y reflexiones sobre esta neurálgica vía de la ciudad que, junto con El Retiro, conforma la candidatura para formar parte de la lista de lugares Patrimonio Mundial de la UNESCO.

Arquitectura, flora, fauna y progreso

De esta manera, con la vista, las personas que participaron en esta actividad conocieron las edades de la arquitectura moderna y contemporánea de la ciudad de Madrid a través de la observación de edificios que van desde los siglos XVI (iglesia de San Jerónimo el Real), XVII (restos del palacio del Buen Retiro), XVIII (palacio de Villahermosa-Museo Thyssen, Museo del Prado y Real Observatorio Astronómico), XIX (palacio de La Bolsa y Banco de España) y XX (Palacio de Cibeles, Cuartel General de la Armada, arquitectura industrial de CaixaForum), además de la sección de las calzadas y la alineación de la arboleda en las aceras y el bulevar.

Con el tacto, entraron en contacto con la flora del lugar y los árboles singulares: el laurel de la plaza de Cibeles; el madroño y el ginkgo de la plaza de la Lealtad; el almez, los magnolios y la pícea del Himalaya de la plaza de Murillo o el olmo de la calle de Ruiz de Alarcón. El tacto y la vista también permitieron disfrutar de la feria del libro de la Cuesta de Moyano.

El sentido del olfato se desarrolló con la rosaleda y las plantas trepadoras del Real Jardín Botánico. El oído, además de empleado en escuchar el juego de agua de las fuentes del salón (Cibeles, Apolo, Neptuno y las cuatro fuentecillas) y el caudal del arroyo de la Fuente Castellana, también acompañó en la escucha del canto de carboneros, petirrojos, cotorras, torcaces, tórtolas, gorriones y mirlos, entre otras especies más comunes.

Y por último, se divulgó, a lo largo de la visita, el buen gusto que tuvo la ilustración madrileña por trasladar la cultura del progreso, la ciencia y el arte a este apartado lugar de la ciudad así como por elegir a los mejores técnicos del momento para diseñar el paseo del Prado y sus edificios: José de Hermosilla (urbanista), Ventura Rodríguez y Juan de Villanueva (arquitectos).

En esta miscelánea de sentidos para vivir el paseo del Prado, también hubo una buena dosis de dos más: sentido del humor y sentido común.

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